Camino de Santiago Etapa 14/18: Sarria – Melide

Distancia

62,3 Km

Desnivel acumulado

+1244 m aprox.

Tiempo en movimiento

4h 57 min.

Velocidad media

12,6 km/h

Track

Wikiloc o komoot

Dureza (Escala de dureza)

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Nos despertamos temprano, ansiosos por adentrarnos aún más en la Galicia verde y misteriosa. La niebla cubría Sarria como un manto espeso y húmedo; el recepcionista del albergue nos había advertido que hasta mediodía no veríamos el sol. Al principio dudamos, pero la niebla no tardó en demostrarnos que hablaba en serio.

La salida de Sarria fue de esas que no se olvidan: primero descendimos hasta el río Celeiro y luego nos enfrentamos a una pared custodiada por decenas de peregrinos a pie, que aplaudían y nos animaban con una energía casi hipnótica. En otro momento, quizás habríamos puesto pie a tierra, pero aquella ovación nos impulsó a seguir pedaleando, como si el Camino mismo nos empujara hacia adelante.

En los bosques gallegos.

Sarria marcó un nuevo punto de inflexión por dos razones. Primero, por la dureza del terreno: Galicia se revelaba como un constante rompepiernas, con sendas de tierra húmeda y subidas y bajadas continuas que exigían un esfuerzo mayor al que veníamos acostumbrados. Segundo, por la cantidad de peregrinos: al ser el punto de inicio de muchos que recorren los últimos 100 km, el Camino se llenaba de caminantes, creando un ambiente bullicioso y animado.

Cruzamos pequeños pueblos y aldeas, siempre atentos a las marcas amarillas. Aunque valoramos la opción de desviarnos por carreteras secundarias para evitar las aglomeraciones, decidimos disfrutar del recorrido original: más lento y pausado, pero mucho más bello y auténtico.

Alrededor del kilómetro 20 llegamos a Portomarín, descendiendo hasta el río Miño y cruzando por el Ponte Nova. Nos detuvimos a dar un paseo por el centro y a reponer energía. Allí vimos a peregrinos que habían salido a las 4:30 de la mañana para asegurar plaza en los albergues públicos: poco más de las 10:30 ya estaban en su destino diario, una auténtica locura.

Cruzando el río Miño por el Ponte Nova, Puertomarín.

Después de Portomarín nos esperaba un ascenso exigente de más de 10 kilómetros, con constantes sube-bajas que parecían no tener fin. Superamos los 700 metros sobre el nivel del mar y, finalmente, llegamos a Palas de Rei, una de las pocas poblaciones medianamente grandes en el tramo. Allí hicimos una parada merecida para recuperar fuerzas; el peso de las alforjas sobre los caminos de tierra se hacía sentir cada vez más.

Cogiendo fuerzas en Palas de Rei.

Tras el descanso, retomamos la marcha para encarar los últimos 15 kilómetros. En Galicia, los kilómetros se sienten más largos: el terreno que se engancha a los neumáticos, los cortos y duros ascensos y las fuertes bajadas obligaban a mantener concentración y esfuerzo constantes, a diferencia de las rectas llanas y cómodas de Castilla y León.

Por fin llegamos a Melide, al acogedor Albergue O Candil, donde pudimos guardar el tándem y sentirnos bienvenidos. La jornada había sido dura, exigente y llena de paisajes de ensueño: los verdes prados gallegos, la niebla que se despejaba lentamente y la compañía de cientos de peregrinos nos recordaban que el Camino no es solo un recorrido físico, sino también una experiencia compartida y memorable. Sólo nos quedaba una jornada para llegar a Santiago de Compostela, nuestro objetivo final, y ,aunque acabamos añadiendo una prórroga, se nos estaba haciendo muy corto, no queríamos que terminara.

Alojamiento

Pasamos la noche en el Albergue O Candil. Ofrece espacios cómodos para guardar bicicletas o tándems, camas limpias y un ambiente cálido que hace sentir a los peregrinos como en casa. Su personal es atento y brinda información útil sobre la etapa siguiente y los servicios del pueblo.

Nuestras recomendaciones

  • Disfruta del camino y tómatelo con calma. En agosto hay una gran concentración de peregrinos y deberás ir con cuidado en muchos tramos dónde será imprescindible hacer uso del timbre.
  • Una vez en Melide, no te pierdas sus famosos platos locales, especialmente el pulpo a la gallega, típico de la zona. Comer bien es parte de la experiencia del Camino y una manera perfecta de recuperar energías tras la jornada.

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