Camino de Santiago Etapa 18/18: Muxía – Fisterra
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Distancia 2292_8b4a6a-2e> |
50 Km 2292_ba4ba1-bf> |
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Desnivel acumulado 2292_30a8a8-8d> |
+950 m aprox. 2292_142e73-0a> |
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Tiempo en movimiento 2292_0dcef1-19> |
4h 2292_08e44e-65> |
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Velocidad media 2292_18c579-42> |
12,5 km/h |
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Track 2292_4d0a14-41> | 2292_fafaa2-f4> |
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Dureza (Escala de dureza) 2292_86cdbb-1f> |
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(El GPS no nos grabó los primeros 30 kilómetros de la etapa).
Nos despertamos con el sonido del viento golpeando las contraventanas del hotel y el rumor del Atlántico al fondo. Era nuestro último día de ruta y, aunque la distancia hasta Fisterra no era larga —unos 50 kilómetros—, sabíamos que iba a ser una jornada especial. No era sólo el final del viaje, sino el inicio de la chispa que nos animó a viajar de esta forma tan especial.
Salimos de Muxía algo más tarde de lo habitual, sin prisas, disfrutando de cada metro que nos alejaba del pueblo mientras el tándem rodaba ligero entre la bruma costera. Los graznidos de las gaviotas nos acompañaron durante los primeros kilómetros del trayecto.

Durante la primera parte de la etapa, pedaleamos por carreteras secundarias y caminos rurales, con constantes subidas y bajadas que ya se habían convertido en la firma del paisaje gallego. Pasamos por aldeas pequeñas, con casas de piedra cubiertas de musgo y hórreos inclinados por el paso del tiempo.
A mitad de etapa hicimos una breve parada en Lires, un bonito pueblo costero que marca el punto intermedio entre Muxía y Fisterra. Aprovechamos para comer algo, sabiendo que el siguiente tramo sería el más exigente.

Desde Lires, el terreno vuelve a ponerse cuesta arriba. No son puertos largos, pero las rampas, cortas y potentes, nos hicieron sudar cada metro. A cambio, los descensos se convirtieron en pura diversión, entre curvas suaves, olor a mar y el rumor constante del viento. La diversión se vio interrumpida en una de las fuertes subidas: tuvimos la única caída de la aventura, justo en la última etapa. Realmente sólo fue al suelo Judith y, afortunadamente, nada más sufrió unos rasguños. Estábamos subiendo una fuerte pendiente de tierra con unos bloques de hormigón a ambos lados que franqueaban el camino. En un instante de desequilibrio, el piloto giró demasiado el manillar y la alforja chocó contra uno de los bloques, quedando el tándem encallado sin posibilidad de avanzar. Raúl logró sacar el pie de la cala a tiempo, pero el balance inesperado del tándem hizo imposible que Judith hiciera lo mismo, y terminó encima de unas zarzas antes de poder reaccionar.
Finalmente, al coronar el último repecho, apareció ante nosotros el Cabo Fisterra, con su faro erguido sobre el acantilado y el océano extendiéndose hasta el horizonte. Era difícil no emocionarse: después de más de 1.200 kilómetros, el Camino terminaba allí, donde la tierra se acaba y sólo queda el mar.
Descendimos lentamente hasta el faro, disfrutando de cada segundo, aunque había demasiado ambiente en la zona. Nos habíamos acostumbrado durante los últimos dos días a pedalear prácticamente en solitario y en el faro encontramos bastante gente, incluso en algún punto costaba avanzar con el tándem.

Después de un largo rato sentados frente al océano, volvimos al pueblo a comer, pero todos los restaurante estaban llenos y no hubo forma de que nos pusieran un plato de comida en ningún sitio. El pueblo estaba hasta arriba de turistas y en los restaurante no daban a basto. Finalmente, nos tuvimos que conformar con unos bocadillos comprando el embutido y el pan en una tienda de comestibles que encontramos abierta.

Después de la ducha salimos a pasear y comer unos helados en la zona del puerto. Nos aseguramos de los horarios del autobús hacia Santiago del siguiente día y facturamos el tándem a casa. La empresa de transporte con la que habíamos contactado, se llevó el tándem en furgoneta. Agradecimos enormemente a la máquina haber soportado nuestro peso y esfuerzo, así como las irregularidades del camino. Apenas nos dio problemas mecánicos y nos permitió tener una experiencia fabulosa.
Alojamiento
Pasamos la noche en la pensión López, un modesto alojamiento con buena ubicación dónde fueron extremadamente amables.
Nuestras recomendaciones
- Parada en Lires: Esta pequeña localidad costera es ideal para descansar, tomar un refrigerio y disfrutar del paisaje del estuario del río Castro antes de afrontar los últimos repechos.
- Miradores de la Costa da Morte: Durante el trayecto, aprovecha los numerosos miradores para detenerte y contemplar la fuerza del océano Atlántico. Son lugares perfectos para fotos y para sentir la inmensidad del mar antes de llegar a Fisterra.
- Faro de Fisterra: Al final de la etapa, recorre el cabo y sube hasta el faro. Es un lugar simbólico donde culmina el Camino y donde puedes dejar una piedra o pequeño recuerdo como hacen los peregrinos, celebrando la llegada al “fin del mundo”.
- Turismo en Fisterra: Si vas en temporada alta, reserva con antelación tanto el alojamiento como algún restaurante para comer, ya que es una zona muy turística y el pueblo es muy pequeño.


