Alpes-Budapest Etapa 23/27: Prato Carnico – Lago Dobbiaco
|
Distancia 2373_e0729c-c1> |
72 km 2373_8c2913-9a> |
|---|---|
|
Desnivel acumulado 2373_3b0e1b-ab> |
+1815 m aprox. 2373_cef24d-a9> |
|
Tiempo en movimiento 2373_791fab-96> |
6h 20 min. 2373_43fe50-75> |
|
Velocidad media 2373_fa8233-d1> |
11,4 km/h 2373_3d9370-2f> |
|
Track 2373_3ba4f7-08> | 2373_275b82-d8> |
|
Dureza (Escala de dureza) 2373_061178-50> |
![]() |
Nos despertamos con un súper desayuno digno de reyes: croissants calentitos, pan con mantequilla y crema de cacao, mermeladas, queso, uvas y paraguayos. Este primer avituallamiento fue perfecto para cargar energías antes de afrontar lo que sería la etapa más dura de todo el viaje. A las 8:45h ya estábamos listos para pedalear, sabiendo que nos esperaban dos puertos de montaña y una jornada realmente exigente.
Comenzamos el día ascendiendo el primero de ellos, por la Strada Statale 465, una carretera tranquila que serpentea entre bosques y montañas. A medida que ganábamos altura, las curvas se volvían más cerradas y el aire más fresco. Casi al llegar a la cumbre, nos desviamos hacia la SP 465, y tras unos 300 metros de asfalto alcanzamos el punto más alto. Allí el firme dio paso a una pista de tierra. Nos abrigamos y nos lanzamos al descenso, rodeados de altos abetos y vistas espectaculares de los Dolomitas.

La bajada comenzó entre una vegetación espesa y húmeda, que poco a poco fue dando paso a un terreno más rocoso y abierto. Seguíamos el curso de un pequeño río, hipnotizados por el paisaje salvaje y solitario que nos rodeaba. Antes de llegar al final de la pista, encontramos una pequeña joya: la Cappella di Santo Stefano, junto a un mirador con bancos de madera desde donde se domina todo el valle. Fue una parada obligada para recuperar el aliento y disfrutar del silencio.

El descenso final, por una carretera repleta de curvas de herradura, fue pura diversión. Nos dejamos llevar hasta el fondo del valle, con una sonrisa constante. En Campolongo hicimos una parada para comer unos bocadillos al sol, y poco después cruzamos Santo Stefano di Cadore, otro pueblo encantador rodeado de montañas.

Pero el descanso fue breve. El segundo puerto del día comenzó pronto y nos hizo sudar desde el primer metro. La pista estaba empedrada y con fuertes pendientes, tanto que en un tramo tuvimos que empujar el tándem una y otra vez, riéndonos de lo absurdo y duro del momento. Poco a poco la pendiente fue cediendo y conseguimos volver a pedalear, aunque con varias paradas para recuperar fuerzas. Los últimos 500 metros, ya sobre asfalto, fueron un respiro.
En la cima, a 1.636 m de altitud, las vistas eran sencillamente espectaculares: los picos afilados de los Dolomitas se alzaban frente a nosotros, majestuosos y perfectamente perfilados bajo un cielo completamente despejado. Permanecimos unos minutos contemplando el paisaje, intentando grabar en la memoria cada detalle antes de comenzar el descenso.

La bajada, por carretera, fue pura diversión y algo de tensión: disfrutamos de cada curva, pero sin dejar de mirar de reojo las pastillas de freno, que ya pedían relevo. Aun así, el paisaje que quedaba a nuestra espalda —valles profundos, montañas inmensas y luz dorada sobre las rocas— parecía una postal imposible de olvidar.

Al llegar a Sesto, enlazamos con un carril bici perfectamente señalizado que nos condujo hasta San Candido. Allí hicimos una parada técnica para comprar pastillas de freno nuevas (las delanteras estaban en las últimas) y algo de comida para la cena y el desayuno.
San Cándido
Pequeña localidad alpina con un centro histórico encantador y ambiente montañero. Destaca la Collegiata de San Cándido, una joya del románico del siglo XII, y las calles adoquinadas llenas de tiendas de montaña y cafeterías. Es también punto clave de la Drauradweg, la famosa vía ciclista que conecta Italia y Austria.
Los últimos kilómetros transcurrieron por una preciosa vía verde, perfectamente señalizada y rodeada de bosques de abetos y praderas alpinas. El recorrido fue un auténtico placer: el sol caía suavemente sobre las montañas y el aire fresco anunciaba el final del día. Poco a poco, el paisaje se abrió ante nosotros para revelar el Lago di Dobbiaco, un espejo turquesa enmarcado por los Dolomitas. Allí montamos la tienda, a pocos metros del agua.
Eso sí, en cuanto el sol desapareció tras las cumbres, la temperatura cayó en picado. El contraste entre el calor del día y el frío nocturno fue enorme, y a pesar de dormir con ropa térmica, pasamos una de las noches más frías del viaje. El aire gélido del valle se colaba por todas partes, recordándonos que estábamos ya en el corazón de los Alpes, donde el otoño empieza a hacerse notar incluso en pleno verano.
Lago di Dobbiaco
Situado a 1.259 metros de altitud, este lago glaciar ofrece un reflejo espectacular de los Dolomitas en sus aguas turquesas. Hay un sendero circular de 2,5 km que lo rodea y miradores ideales para disfrutar del atardecer. En verano se puede nadar, alquilar barcas o practicar paddle surf. Su ubicación, entre el Lago di Braies y Cortina d’Ampezzo, lo convierte en una parada perfecta para descansar antes de seguir ruta.
Alojamiento
Camping lago Toblacher See 51,50€ (2 personas, 1 tienda). Un camping moderno y bien equipado, pero poco adaptado para quienes viajan con tienda de campaña. El terreno era inclinado y el wifi no funcionaba. Tampoco había espacios interiores donde resguardarse del frío o la lluvia. Aunque las instalaciones son nuevas y el entorno espectacular, el precio para acampar en tienda resulta excesivo considerando las condiciones. Ideal para autocaravanas, pero menos recomendable para cicloviajeros.

Nuestras recomendaciones:
- Lleva suficiente agua y comida, ya que los puertos se hacen largos y duros.
- En el tramo de pista pedregosa, conviene bajar presión a las ruedas para ganar tracción.
- Si estás haciendo una ruta cicloturista larga, San Candido es un buen lugar para revisar o reponer material de bici (hay varias tiendas y talleres).
- Conviene tener en cuenta el frío a la hora de escoger alojamiento. Si se acampa, es recomendable hacerlo con buen aislamiento térmico o valorar una opción bajo techo para evitar pasar una noche complicada.


