Danubio-Praga-El Tirol Etapa 24/25: Constanza – Zúrich
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Distancia 3298_fe2c32-83> |
82,5 km 3298_ccfe53-a7> |
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Desnivel acumulado 3298_5ee661-2c> |
+600 m aprox. 3298_d6c6db-92> |
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Tiempo en movimiento 3298_82a4fa-0c> |
4h 34min. 3298_fe537f-eb> |
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Velocidad media 3298_70ad6d-03> |
18 km/h 3298_8d5f44-aa> |
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Track 3298_c974cf-08> | 3298_ecb0d7-20> |
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Dureza (Escala de dureza) 3298_5256bc-c5> |
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El cielo amaneció cubierto de nubes, pero al menos no llovía. Por si acaso, nos dimos prisa para desmontar la tienda y prepararlo todo para salir cuanto antes del Lago de Constanza. Nuestro destino previsto era Donaueschingen para acabar allí el gran reto pero, como habíamos avanzado más rápido de lo esperado y no habíamos gastado ninguno de los días que nos habíamos dejado extras para imprevistos, decidimos improvisar y dar un rodeo. Optamos por poner rumbo a Zúrich para pasar allí la noche, una ciudad en la que nunca antes habíamos estado y que nos quedaba muy cerca.
A las 8:00 de la mañana ya estábamos pedaleando con la ilusión y motivación del primer día. Nos dimos cuenta de que, en cuanto descansábamos un solo día, nuestra mente ya empezaba a maquinar qué nos depararía la nueva ruta; esa sensación de ir cada día a un sitio distinto y descubrir lugares desconocidos es algo sumamente motivador que nos encanta. Cruzamos Constanza hacia el sur y, justo al abandonar la ciudad, tuvimos que salvar la cuesta más exigente de la jornada: 3 km con 150 m de desnivel. Aunque se nos atragantaron un poco con las piernas aún frías, pudimos coronarlo sin demasiados problemas.
A continuación, volvimos a descender, perdiendo todos los metros ganados, hasta llegar a la ciudad de Frauenfeld. El terreno seguía siendo muy agradecido, rodando por carreteras secundarias tranquilas y algunos tramos de carril bici. Por suerte, la lluvia nos estaba respetando, aunque el cielo estaba tan cerrado que parecía que en cualquier momento diluviaría con fuerza sobre nosotros. Seguimos avanzando y superando varias ciudades pequeñas hasta detenernos, en el kilómetro 60, en Illnau-Effretikon, justo después de alcanzar el segundo punto más alto de la etapa. Allí buscamos un sitio para comer en un supermercado Migros (buffet al peso) para evitar pagar un dineral.

Fue salir del Migros y el cielo no pudo aguantarse más. Empezó a llover y quedamos empapados rápidamente, aunque por suerte no hacía demasiado frío. Pusimos la directa hacia Zúrich, ya solo nos quedaban 20 km. Los últimos kilómetros los recorrimos por una zona bastante más urbanizada de lo que estábamos acostumbrados en etapas anteriores, con la lluvia como constante rebotando en nuestros cascos. Para acceder a la ciudad, bajamos por una colina bastante pronunciada hasta llegar al río Limmat. Si has montado en bicicleta, seguro que conoces perfectamente la sensación que uno tiene cuando no para de descender una pendiente que sabe que al día siguiente tiene que volver a remontar: estás deseando que se acabe, que llegue el llano, que no continúe bajando.
Zurich
Zúrich es la capital financiera de Suiza y una ciudad que destila elegancia en cada esquina de su casco antiguo, el Altstadt. Dividida por el río Limmat, destaca por las torres gemelas de la iglesia Grossmünster y el delicado reloj de St. Peter, el más grande de Europa. Pasear por la Bahnhofstrasse, una de las avenidas comerciales más exclusivas del mundo, contrasta con la paz que se respira a orillas del Lago de Zúrich. La ciudad es un centro cultural de primer orden, con museos de clase mundial y una gastronomía donde el queso y el chocolate son los protagonistas.

Seguimos pedaleando por el medio de la ciudad, por el borde del río hasta llegar a su nacimiento, el Zurichsee o Lago de Zúrich. En ese punto, cruzamos su hermoso puente Quaibrücke. Como no paraba de llover y teníamos bastante prisa, decidimos ir directamente a buscar hotel. También valoramos la opción de camping, pero entre la lluvia, el estar a las afueras de la ciudad (el camping Fischers Fritz está a unos 5 km) y pasar solo una noche, decidimos que la mejor opción era alojarnos en un hotel en el centro. Preguntamos en un par de sitios sencillos pero no tenían sitio para guardar el tándem, así que acabamos en un hotel carísimo en el que sí nos dejaban guardarlo. Se trataba de un alojamiento clásico y lujoso, pero entramos con unas pintas que no encajaban para nada con la categoría del lugar: empapados, con barro… Fueron muy amables y nos permitieron resguardar el tándem en una de las salas que tenían destinadas a cafetería.

Tras una ducha rápida, nos fuimos en autobús a la fábrica y museo de Lindt (un trayecto de 25 minutos). Al llegar al museo, es obligatorio dejar las mochilas y bolsos en las taquillas. La visita te muestra la historia del chocolate Lindt y, hacia el final, podías probar distintos formatos de chocolate: las fuentes (blanco, con leche y negro), las tabletas de diferentes tipos y los bombones. Cuando llegas a la parte de los bombones, puedes llevarte los que quieras, así que recordad ir con ropa que tenga bolsillos. Eso sí, si hace calor tened mucho cuidado: no querréis acabar con la ropa llena de chocolate derretido.


Al salir del museo, la lluvia por fin había cesado. Paseamos por el centro y nos sorprendió el increíble ambiente que había en las calles; estaba todo lleno de vida, con muchísima gente y numerosos puestos de comida y bebida. Aprovechamos para visitar los puntos más emblemáticos: nos detuvimos ante las imponentes torres gemelas de la Grossmünster, el símbolo de la ciudad, y cruzamos el río para ver la Fraumünster, famosa por sus vidrieras. También recorrimos la exclusiva Bahnhofstrasse, esa avenida donde el lujo se palpa en cada escaparate y que atraviesa el corazón de Zúrich hasta la estación central. Cenamos en Raclette Factory, donde las raclettes tienen nombres de personajes de Heidi (Pedro, Clara…); nosotros, por supuesto, elegimos la clásica Heidi (queso raclette sobre patatas). Pagamos unos 60€ por una raclette, una flammkuchen y dos refrescos.

Alojamiento
Glärnischhof by Trinity Hotel 234€ (habitación doble con desayuno). Representó la noche más cara de nuestra vida, pero fue la única opción rápida que encontramos para alojarnos en el centro de la ciudad y poner el tándem a salvo. El personal fue muy amable en todo momento y la habitación resultó muy cómoda. Además, el desayunó estuvo muy rico y completo, ideal para afrontar la siguiente jornada.
Nuestras recomendaciones
- Visitar la ciudad de Zúrich: Vale muchísimo la pena dedicarle tiempo para recorrer sus calles y disfrutar del ambiente del centro.
- Museo Lindt Home of Chocolate: Una visita totalmente recomendable. No olvides llevar ropa con bolsillos para poder disfrutar de los bombones gratuitos del final, pero cuidado con el calor para no terminar manchado.
- Probar una raclette: Es una experiencia gastronómica obligatoria en Suiza. Nosotros escogimos Raclette Factory por el guiño a Heidi, pero hay muchísimos sitios por toda la ciudad para degustarla.
- Atravesar el Quaibrücke: Es el punto perfecto para ver la conexión entre el río Limmat y el lago.
- Reserva alojamiento con antelación: Es fundamental reservar el alojamiento con tiempo para poder acceder a opciones con mejor precio, ya que Zúrich es una ciudad extremadamente cara. Eso sí, si vais en tándem, aseguraos de que tienen algún lugar para poder guardarlo.


