Alpes-Budapest Etapa 19/27: Črna Na Koroškem – Tupaliče
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Distancia 2273_6a8ac6-4e> |
74 km 2273_6f2d43-6e> |
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Desnivel acumulado 2273_0d1cdb-41> |
+1657 m aprox. 2273_766765-ae> |
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Tiempo en movimiento 2273_338419-42> |
5h 45 min. 2273_24ade9-f1> |
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Velocidad media 2273_bf32ac-ac> |
12,9 km/h 2273_ccaa85-87> |
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Track 2273_11cd66-fe> | 2273_0f4847-62> |
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Dureza (Escala de dureza) 2273_eb0812-d2> |
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Nos despertamos sobre las 7:00h, después de una noche sorprendentemente buena, pese a haber montado la tienda sobre el hormigón. Recogimos el “campamento” y fuimos directos a la única cafetería abierta del pueblo, donde desayunamos y, sobre todo, aprovechamos para usar el baño. Porque sí, acampar en cualquier rincón tiene su toque de aventura… pero también su lado menos glamuroso: no hay ducha, ni váter, ni nada que se le parezca. Justo cuando nos disponíamos a partir, el sol apareció entre las montañas, desafiando las previsiones que anunciaban lluvia. Buen presagio para empezar a pedalear.
Iniciamos la jornada ascendiendo por una carretera solitaria que serpenteaba junto al río Meža. Los primeros ocho kilómetros fueron suaves, apenas 200 metros de desnivel, pero a partir de ahí el asfalto dio paso a una pista de tierra empinada y resbaladiza. En los siguientes siete kilómetros ganamos casi 500 metros de altitud; el esfuerzo se notaba en cada pedalada. A mitad de subida, la lluvia empezó a caer, fina pero persistente, acompañándonos hasta la cima.
El bosque que nos rodeaba era denso y húmedo, envuelto en una niebla que le daba un aire mágico, casi irreal. Al coronar, Raúl se quitó el maillot empapado, se secó como pudo y se abrigó antes de lanzarnos a la primera bajada.
El descenso fue breve; pronto llegó otra subida y luego una nueva bajada antes de volver a encarar otra ladera. Las piernas ya empezaban a quejarse, pero el paisaje —bosques, valles y montañas cubiertas por un velo de nubes bajas— lo compensaba todo. En varios miradores hicimos breves paradas: necesitábamos tanto recuperar el aliento como admirar la inmensidad del entorno.

Tras una serie de subidas y bajadas, alcanzamos la frontera y descendimos hacia Austria. Esta vez la bajada fue larga y pronunciada, de esas que ponen a prueba las manos en los frenos. La lluvia empezó a caer con más intensidad, y con ella llegó la necesidad de extremar la precaución en cada curva.

Nada más llegar al valle, sin apenas descanso, empezamos el último ascenso del día: un puerto con 18 curvas de herradura, las 13 primeras prácticamente seguidas. No era el más duro de la etapa, pero tras tantas horas pedaleando bajo la lluvia, cada giro parecía eterno. El agua nos calaba hasta los huesos, y el frío se mezclaba con el cansancio. Pero cuando por fin alcanzamos la cima, a más de 1.200 metros de altitud, una sensación de conquista nos recorrió el cuerpo. Justo entonces, al volver a cruzar a Eslovenia, la lluvia cesó.
La bajada fue preciosa, con las primeras curvas aún húmedas y las siguientes abriéndose entre praderas y caseríos hasta llegar a Preddvor. Eran ya las cuatro de la tarde y el hambre apretaba, pero estábamos demasiado empapados como para detenernos. Compramos unos boreks para llevar y pedaleamos el último kilómetro y medio con una sola idea en mente: el refugio de nuestra habitación, una ducha caliente y el placer de comer, por fin, a resguardo.
Una vez en el hotel, devoramos los boreks, nos dimos una ducha caliente que nos devolvió a la vida y disfrutamos de una tarde de descanso total para recuperar fuerzas. Sin ganas de volver a salir, decidimos cenar en el propio hotel: Judith se decantó por unos calamares con patatas, mientras que Raúl eligió un menú con pasta a la trufa, carne y patatas.

Fue una jornada dura y épica, de esas que ponen a prueba la resistencia pero también te recuerdan por qué estás en el camino. La mezcla de lluvia, esfuerzo y naturaleza salvaje nos dejó agotados, pero felices.
Alojamiento
Hotel Oskar Zaplata 100€ (habitación doble con desayuno). Un alojamiento tranquilo y moderno, situado a las afueras de Tupaliče, perfecto para desconectar tras una jornada exigente. La habitación era amplia, sencilla y cómoda, y la ducha caliente se sintió como un auténtico lujo después de pedalear bajo la lluvia.
El restaurante del hotel, además de ser acogedor y muy bonito, ofrecía platos deliciosos: cenamos allí y comimos de maravilla. El desayuno, abundante y variado, estaba incluido en el precio. El personal fue muy amable y nos permitió guardar el tándem en el parking interior, cubierto y seguro.
Nuestras recomendaciones:
- Planifica bien las paradas: hay tramos sin tiendas ni fuentes así que es esencial plantearse con antelación dónde reponer tanto agua como comida.
- Disfruta de los miradores: ofrecen algunas de las vistas más espectaculares del recorrido entre Austria y Eslovenia.


