Camino de Santiago Etapa 17/18: Olveiroa – Muxía

Distancia

34,36 Km

Desnivel acumulado

+638 m aprox.

Tiempo en movimiento

2h 43 min.

Velocidad media

12,7 km/h

Track

Wikiloc o komoot

Dureza (Escala de dureza)

5-6 Duro
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Nos despertamos más tarde de lo habitual, sin prisas. El reloj marcaba las diez cuando por fin empezamos a pedalear, algo impensable en cualquier otra jornada, pero el cuerpo pedía calma: apenas nos separaban unos pocos kilómetros del Atlántico.

Antes de salir, tuvimos que improvisar una pequeña reparación. Una de las alforjas delanteras había perdido un tornillo y no aparecían las bridas, así que la sujetamos con una cuerda, esperando que resistiera los continuos baches del camino. Los descensos por las pistas gallegas no perdonan; las vibraciones aflojan todo, y cada jornada es un pequeño examen de mecánica improvisada.

Los mojones indicando la distancia a Fisterra (29,69 km) y Muxía (26,58 km).

El camino nos llevó otra vez por senderos estrechos y sombríos, entre bosques húmedos, prados intensamente verdes y pequeñas aldeas donde la vida transcurre sin prisas. Apenas cruzamos a nadie: más hórreos que personas, más vacas que hórreos. Galicia en su esencia más pura. A los pocos quilómetros nos encontramos dos mojones dónde el camino se divide hacia Fiesterra y Muxía. Nuestro objetivo era llegar a las dos poblaciones, pero dejamos Fisterra para el día siguiente, todavía nos «sobraba» un día y queríamos tomarlo con calma.

Uno de los muchos hórreos que vimos por Galicia.

El perfil de la etapa era engañosamente amable y, aunque bajamos más que subimos, los repechos siguieron siendo duros y despiadados. A medida que avanzábamos, el aire empezó a cambiar, más fresco, más salado… hasta que, tras algo más de dos horas de pedaleo, apareció ante nosotros el océano Atlántico. Nos detuvimos unos minutos en lo alto de un acantilado con vistas a la Ría de Camariñas: un horizonte inmenso, azul y salvaje, que parecía marcar el verdadero final del camino.

Vistas a Muxía.

Seguimos bordeando la costa, subiendo y bajando un par de colinas hasta alcanzar la Praia Espiñeirido. El viento soplaba con fuerza y el mar rugía con potencia; bastó un instante para entender por qué llaman a este lugar la “Costa da Morte”. No nos atrevimos a bañarnos, pero el espectáculo del Atlántico embravecido bastaba para llenarnos de energía.

Poco después llegamos a Muxía, una villa marinera tranquila, cargada de historia y leyenda. Pedaleamos hasta el faro, junto al Santuario de la Virgen da Barca, donde muchos peregrinos buscan el verdadero cierre de su Camino. Allí, frente al mar y al sonido del viento, se siente que uno ha llegado a un lugar especial.

Frente al Faro de Muxía.

Después de disfrutar del momento, nos dirigimos al hotel La Cruz para descansar y refrescarnos. Aunque habíamos salido tarde, llegamos con tiempo suficiente para pasear por el pueblo y comer algo. La lubina no fue su mejor aliada, y lo que prometía ser un paseo por Muxía se convirtió en una tarde de reposo obligatorio.

Alojamiento

Pasamos la tarde y la noche en el hotel La Cruz, frente al paseo marítimo de Muxía. La habitación tenía un gran ventanal con unas bonitas vistas al océano.

Nuestras recomendaciones

  • Miradores sobre la Ría de Camariñas: en los tramos finales de la etapa encontrarás varios puntos con vistas panorámicas al océano Atlántico. Son lugares ideales para detenerse unos minutos, sacar fotos y contemplar la inmensidad del paisaje costero.
  • Santuario da Virxe da Barca (Muxía): uno de los lugares más emblemáticos de la costa gallega, situado junto al faro de Muxía. Contempla las piedras legendarias y el horizonte infinito del océano: pocos lugares transmiten tanta paz y fuerza a la vez.

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