Danubio-Praga-El Tirol Etapa 11/25: Praga- Kamýk nad Vltavou
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Distancia 3272_b7f19a-15> |
85 km 3272_d05d8d-41> |
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Desnivel acumulado 3272_780b65-c7> |
+1400 m aprox. 3272_0f6b99-cb> |
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Tiempo en movimiento 3272_1d323f-77> |
5h 45min. 3272_b5f7d3-13> |
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Velocidad media 3272_b6dbe8-95> |
14,8 km/h 3272_6e0754-56> |
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Track 3272_169b17-a6> | 3272_bec852-b9> |
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Dureza (Escala de dureza) 3272_e45ff3-07> |
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Después de dos días de descanso en Praga, volvimos a subirnos al tándem con ganas de continuar descubriendo aquel maravilloso país. Se presentó una jornada marcada por la incertidumbre: aunque contábamos con una ruta planificada, la realidad fue que los caminos señalizados sobre el terreno diferían de nuestra previsión inicial. Decidimos priorizar las vías indicadas para evitar al máximo la carretera, aun sabiendo que eso implicaba no saber de antemano el desnivel que se nos iría presentando.
El verano, por fin, pareció llegar y el calor se hizo notar desde primera hora de la mañana (ya lo echábamos de menos). Salimos de Praga por el mismo lugar por el que llegamos, bordeando el río Moldava en dirección sur, pero a los pocos kilómetros nos desviamos del cauce para adentrarnos en la montaña. Iniciamos entonces un sube-baja constante paralelo al río siguiendo las marcas de la EuroVelo 7. Existe la alternativa de hacer este tramo por carretera, que es lo que teníamos previsto y es mucho más llano, pero no ofrece el encanto del camino que seguimos: montañas, bosques y pequeñas poblaciones.
Eurovelo 7
La EuroVelo 7, conocida como la Ruta del Sol, es uno de los grandes ejes ciclistas de largo recorrido en Europa, con una longitud de unos 7.700 km que conecta el Cabo Norte en Noruega con la isla de Malta en el Mediterráneo. A lo largo de sus nueve países, atraviesa una asombrosa variedad de paisajes, desde fiordos y bosques nórdicos hasta el soleado sur de Italia.

Paramos a media mañana en un pequeño pueblo para comprar comida, ya que no había muchas alternativas por el camino. Sobre las 15:00 h, paramos en una zona de picnic para comer algo de embutido con pan. Estábamos exhaustos y necesitábamos agua fresca, pero fue misión imposible encontrar fuentes de agua potable. En uno de los pocos establecimientos abiertos, la única opción fría era la cerveza; pese a que a ninguno de los dos nos gusta, la sed era tanta que Raúl no se lo pensó dos veces, escogió una con sabor limón y se bebió medio litro del tirón (eso sí, sin alcohol, que ya sabéis, el que conduce 0,0).
Después de 80 kilómetros, nuestras fuerzas estaban casi al límite en la que fue, sin duda, la jornada más dura hasta el momento. Aunque habíamos descansado y recuperado el cuerpo al 100% los días anteriores, resultó ser una etapa con mucho desnivel acumulado. Decidimos parar en Kamýk nad Vltavou, una de las poblaciones con más alojamientos de la zona (o al menos eso parecía en GoogleMaps), pero conseguir cama no fue fácil; pese a los anuncios en Google y a las visitas que hicimos in situ, nos costó más de una hora encontrar habitación libre. Finalmente, conseguimos una humilde habitación en el sótano de un hotel que, para nuestra alegría, tenía hasta piscina.
Tras guardar el tándem en el trastero y asearnos, bajamos con la intención de aprovechar la tarde soleada y relajarnos tranquilamente en la piscina. Sin embargo, nuestro plan de descanso duró poco: aunque el sol apretaba, el agua estaba helada, así que el baño para recuperar energías fue visto y no visto. Tras aquel chapuzón relámpago, no nos quedó más remedio que secarnos y salir a dar un paseo que también resultó ser bastante breve.

Sólo encontramos un bar abierto y una pequeña tienda tipo bazar con un poco de todo; compramos un helado para merendar mientras recorríamos las cuatro calles del pueblo antes de volver al hotel. Por suerte, allí mismo ofrecían cenas y decidimos quedarnos, lo cual fue un acierto total: los platos eran sencillos, pero estaban riquísimos y a muy buen precio, el broche ideal para un día agotador.

Alojamiento
Penzion Kamejk 60€ (habitación doble con baño privado y desayuno). Cuando llegamos tenían todo reservado pero nos ofrecieron una habitación en el sótano con dos camitas que, aunque era muy sencilla, contaba con una pequeña ventana al exterior, una mesa y hasta con una mini nevera. Nos dio la impresión de que aquella zona estaba más enfocada a grupos. El resto de habitaciones de las que disponen en las plantas superiores son todas preciosas y no les falta detalle.
La zona exterior estaba también muy bien acondicionada: una amplia zona verde con parque infantil, mesa de ping-pong y una piscina muy cuidada, rodeada de mesas, sillas y tumbonas. Era el entorno perfecto para disfrutar de un día de calor, aunque nos quedó la espinita de no poder exprimirla más; debido al frío intenso de los días anteriores, el agua seguía helada a pesar de la buena tarde que hacía.

Nuestras recomendaciones
- Avituallamiento: Imprescindible salir con agua y comida suficiente. Las fuentes escasearon y los pocos comercios que encontramos tenían horarios muy limitados.
- Desnivel: El tramo de la EV7 por bosque y caminos rurales es precioso pero muy exigente. Si las fuerzas están al límite, la carretera es una alternativa mucho más llana.
- Alojamiento: Nos costó muchísimo encontrar sitio «in situ», si tienes previsto acabar aquí la etapa, reserva con antelación.


