Danubio-Praga-El Tirol Etapa 22/25: Pettneu am Arlberg – Maienfeld

Distancia

110 km

Desnivel acumulado

+620 m aprox.

Tiempo en movimiento

5h 30min.

Velocidad media

20 km/h

Track

Wikiloc o komoot

Dureza (Escala de dureza)

5-6 Duro
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Nos despertamos algo nerviosos; nos esperaba una etapa dura, el Arlbergpass, a 1793 metros. El ascenso era por carretera, ya que no había otra alternativa para cruzar esta barrera natural. No nos hacía mucha gracia tener que rodar por la calzada los últimos 8 kilómetros de puerto, pero no había otra opción y estábamos ya mentalizados.

Sobre las aguas del Rosanna: disfrutando de la belleza salvaje del río en pleno ascenso.

Los primeros 7 kilómetros, hasta la entrada de St. Anton am Arlberg, fueron suaves, un calentamiento necesario, pero a medida que cruzábamos el pueblo el terreno se fue inclinando. En las últimas calles ya estábamos sin aliento y justo acababa de empezar la parte exigente. De repente, todo cambió: al intentar unirnos a la carretera que sube al paso, nos encontramos con varios carteles de prohibida la circulación a bicicletas. Nos quedamos a cuadros, puesto que nuestra gran ruta era circular y debíamos cruzar sí o sí al otro lado para llegar a nuestro punto de inicio y final. Lo cierto es que hicimos caso omiso al primer cartel ya que habíamos leído previamente que se podía pasar sin problema pero al ver más de uno, decidimos parar y leer bien la información.

Entendimos que la prohibición se debía a que la autopista estaba en obras y desviaban todo el tráfico por la carretera convencional. Para no entorpecer la densa circulación, los ciclistas teníamos el acceso vetado. Justo al lado de los carteles, aparecía el número de teléfono del taxi de la zona, así que decidimos llamar. Hablamos con el chico y le explicamos nuestra situación, intentando que quedase claro que viajábamos en tándem. Pensamos que lo había entendido, hasta que llegó y vimos su cara; se quedó estupefacto mirando a su furgoneta (una Volkswagen Transporter), al tándem y a nosotros. Tras unos segundos de shock, reaccionó con mucha amabilidad y, con algo de maña, logramos meter la bici y todos los bultos dentro sin desmontar nada, menudo alivio. El conductor fue extremadamente simpático (@thetaxi_arlberg en Instagram).

Nuestro transporte improvisado para alcanzar la cima del Arlbergpass.

Arlbergpass

El Arlbergpass es un mítico puerto de montaña situado a 1793 metros de altitud que actúa como la divisoria de aguas entre los ríos Danubio y Rin, además de ser la frontera natural entre los estados de Tirol y Vorarlberg. Es un paso histórico y estratégico en los Alpes; de hecho, su nombre da origen al estado de Vorarlberg (que significa «delante del Arlberg»). El ascenso destaca por sus fuertes pendientes y su entorno de alta montaña, mientras que el descenso hacia el oeste es famoso por sus curvas de herradura y la rapidez con la que se pierde altitud hacia el valle del río Kloster.

¡En la cima del puerto! Listos para soltar frenos hacia el valle.

Lo que parecía una etapa de puro sufrimiento se convirtió en un paseo hasta la cima. Aunque nos ahorró un gran esfuerzo, nos quedó el sabor agridulce de no haber superado pedaleando uno de los mayores retos del viaje. Una vez arriba, por suerte, sí pudimos iniciar el descenso por la otra cara montados en nuestro tándem. Fue una auténtica locura: casi 40 kilómetros sin pedalear. Los primeros tramos eran tan pronunciados que los frenos se pusieron al rojo vivo, soltando un olor a ferodo que nos obligó a parar unos minutos para que el tándem refrigerara. Atravesamos una zona enlazando 9 curvas de herradura muy emocionantes.

Durante el descenso, fuimos dejando atrás pueblos con mucho encanto como Stuben y Wald am Arlberg, disfrutando de la velocidad y de un paisaje que se volvía más amable a medida que perdíamos altitud. La mayor parte del trazado pedaleamos por asfalto, primero por carretera y luego por pistas en buen estado, incluso alguna zona con carril bici. Seguimos rodando con mucha fluidez por el valle hasta que, unos 9 kilómetros antes de llegar a Feldkirch, el camino nos regaló una estampa inolvidable al pasar junto al lago Nachbauersee. Nos quedamos maravillados con su azul esmeralda y el ambiente de paz absoluta que se respiraba; era un lago silencioso, rodeado de un verde intenso, donde apenas vimos a unas pocas personas haciendo picnic tranquilamente junto a la orilla. Fue un paréntesis de calma total antes de retomar la marcha hacia la ciudad.

Pausa frente al azul esmeralda del lago Nachbauersee.

Aquí no acabó la improvisación: como habíamos avanzado más rápido de lo esperado y con mucho menos esfuerzo, pensamos que sería buena idea modificar la ruta que teníamos planeada. Nuestro Plan A era ascender el puerto y hacer noche en Feldkirch, pero al habernos ahorrado prácticamente todo el ascenso, la etapa nos quedaba demasiado sencilla. La noche anterior habíamos visto que Maienfeld (en Suiza) quedaba relativamente cerca; visitar el pueblo de Heidi nos resultaba impensable al inicio debido a la dureza del puerto, pero dada la situación, decidimos aprovechar el tiempo y alargar la ruta. Por ello, al llegar a Feldkirch, en lugar de quedarnos allí o seguir hacia el Lago de Constanza tal y como teníamos planeado, tomamos un desvío hacia el sur en dirección a Suiza.

A partir de ahí nos dirigimos hacia el río Rin, cruzando la frontera a Liechtenstein y siguiendo su curso por el borde este (las tierras hacia el oeste ya pertenecían a Suiza). Comimos en un supermercado en Liechtenstein y aprovechamos para poner a punto la logística de los teléfonos móviles, ya que en Suiza no teníamos roaming; una vez listos, seguimos pedaleando hasta entrar finalmente en Suiza.

Tras dejar atrás Vaduz, seguimos el curso del río Rin a través de unos 20 kilómetros de rectas interminables que nos llevaron prácticamente hasta Maienfeld. Aunque el entorno del río era muy bonito, esta parte del trayecto se nos hizo bastante monótona. Una vez llegamos al pueblo, atravesamos su precioso casco antiguo sin detenernos para iniciar directamente el ascenso hacia Heididorf. Los últimos metros fueron especialmente duros: la pendiente no perdonó y nos exigió un último esfuerzo titánico para llegar a un lugar que, simplemente, nos enamoró. Aquella subida tan tremenda nos confirmó que la cabaña del abuelo estaba, efectivamente, en lo más alto de las montañas.

Al llegar a Heididorf, compramos un ticket que nos dio acceso a un recorrido completísimo por el universo de la protagonista. Pudimos visitar diferentes instalaciones: desde la cabaña del abuelo y la casa de Pedro hasta la escuela, los establos…; estaba todo recreado al detalle. También entramos en un museo que albergaba las distintas versiones de Heidi de muchísimos países, además de disfrutar de varias explicaciones con audiovisuales.

Maienfeld y Heididorf

Maienfeld es una encantadora localidad suiza situada en el valle del Rin, famosa internacionalmente por ser el escenario donde Johanna Spyri se inspiró para escribir Heidi. El pueblo está rodeado de viñedos y coronado por Heididorf, una recreación histórica del poblado de la protagonista. Este lugar permite visitar la casa del abuelo, la escuela y los establos, manteniendo una atmósfera que parece detenida en el tiempo.

Sintiendo la magia de las montañas en Heididorf.

Una vez terminada la visita, 100% recomendable, bajamos de nuevo hasta el pueblo de Maienfeld; allí paramos para comprar unas pastas para merendar y aprovechamos para hacernos con provisiones para la cena y el desayuno del día siguiente.

Reponiendo fuerzas en Maienfeld.

Finalmente, nos dirigimos al Campingplatz Giessen Park, donde llegamos sobre las 18:00h. El terreno de la zona de acampada era algo complicado, con bastante piedra y raíces, por lo que nos costó encontrar un buen sitio para plantar la tienda. Lo mejor fue que el camping tenía acceso a una piscina enorme justo al lado, muy chula y con una zona de jacuzzi ideal para desconectar. Como la piscina cerraba a las 19:00h, nos dimos un chapuzón rápido en el jacuzzi para disfrutar de un merecido momento de relax antes del cierre. A partir de ahí, fuimos a contrarreloj: tuvimos que darnos una ducha rápida y agilizar la logística de la cena para poder comer con algo de claridad. Al no haber ninguna zona interior, nos tocó exprimir al máximo los últimos rayos de sol antes de que refrescara y la oscuridad nos alcanzara por completo.

Fue una jornada redonda. Empezó con la sorpresa agridulce de tener que subir el puerto en taxi, pero continuó con un emocionante descenso y el reencuentro con el río Rin, un viejo conocido que ya habíamos recorrido hacía unos años en nuestra primera aventura como cicloviajeros por la Selva Negra (aquella vez en bicicleta convencional). Todo culminó con un final inesperado en las montañas de Suiza que nos dejó completamente entusiasmados, recordando nuestra infancia entre los paisajes que dieron vida a Heidi.

Alojamiento

Campingplatz Giessen Park 25€ (2 personas, 1 tienda). Lo mejor del camping es que tiene acceso incluido al complejo de piscinas que estan justo al lado, aunque nosotros, al llegar tarde, no pudimos disfrutarlas demasiado. La zona de acampada que había disponible era pequeña y con un suelo bastante duro, con raíces y piedras, lo que hizo que nos costara encontrar un buen lugar para plantar la tienda. Los lavabos eran grandes y estaban limpios.

Apurando hasta el último minuto de sol en las piscinas del Giessen Park.

Nuestras recomendaciones

  • Gestión de frenos: En el descenso hacia Bludenz, los frenos sufren muchísimo debido al peso del tándem y la inclinación. Haced paradas técnicas si empezáis a oler a quemado.
  • Visita a Heididorf: Aunque la subida final es dura tras 100 km, haced el esfuerzo. Es un lugar que te transporta directamente a los libros y la serie de tu infancia.
  • Logística de Datos/Roaming: Aprovechad la cobertura en Austria o Liechtenstein para descargar mapas o gestionar datos, ya que en Suiza no suele haber roaming gratuito; valorad también el uso de una tarjeta SIM o E-sim.
  • Camping Giessen Park: Si tienes pensado quedarte en el Campingplatz Giessen Park, intenta llegar a primera hora de la tarde para poder disfrutar de las piscinas y el jacuzzi.

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