Danubio-Praga-El Tirol Etapa 23/25: Maienfeld – Constanza

Distancia

118 km

Desnivel acumulado

+350 m aprox.

Tiempo en movimiento

4h 56min.

Velocidad media

23,6 km/h

Track

Wikiloc o komoot

Dureza (Escala de dureza)

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Después de la montaña rusa de emociones del día anterior, retomamos la marcha sobre las 09:00h en dirección opuesta. Volvimos sobre nuestras ruedas los 35 kilómetros que nos habíamos desviado el día anterior, recorriendo el carril bici que acompaña al río Rin y cruzando nuevamente Liechtenstein. La etapa se presentaba larga, casi 120 kilómetros, pero con un perfil prácticamente llano.

Pusimos la directa, entregando una potencia constante sobre los pedales que nos hacía volar por rectas infinitas y un paisaje abierto; el viento nos empujaba suavemente, ¡qué gustazo! Pedaleábamos tan rápido que incluso nos vimos inmersos en una carrera ciclista que se celebraba en la zona. Fue curioso ver cómo los participantes pedaleaban junto a nosotros y algunos tenían serias dificultades para rebasar nuestro tándem.

Tras 50 kilómetros, paramos a tomar un refresco, el sol ya apretaba y necesitábamos tomarnos unos minutos de descanso antes de seguir forzando la máquina. Esa pausa fue un auténtico golpe de realidad: algo más de 6 euros por cada Coca-Cola en un bar normalito junto al río. No había duda: seguíamos en Suiza.

Reponiendo fuerzas de la forma más sencilla y efectiva: las ensaladas del súper no fallan.

En el kilómetro 70 alcanzamos el Lago de Constanza (Bodensee), justo donde el Rin desemboca por el sur para posteriormente emerger de nuevo por el nord-oeste. Tras comer en un supermercado, ya en tierras austríacas, empezamos a bordear el lago por el oeste. Aquí bajamos las revoluciones; la zona estaba llena de turistas y debíamos circular con más precaución. Atravesamos varias poblaciones hasta cruzar de nuevo el Rin en la ciudad de Constanza, donde el río emerge del lago para seguir su curso hacia el norte.

El lago de Constanza, protagonista absoluto de esta etapa.

Constanza

Constanza es una ciudad con una atmósfera vibrante que combina a la perfección su rico legado medieval con el dinamismo de una ciudad universitaria. Su casco antiguo, el Niederburg, se conserva casi intacto tras la Segunda Guerra Mundial y es un laberinto de calles estrechas y edificios históricos. El corazón de la ciudad es la Catedral (Münster), cuya torre ofrece una panorámica espectacular del lago y los Alpes. En el puerto, la protagonista absoluta es Imperia, una estatua giratoria que conmemora el Concilio de Constanza.

Encontramos un camping bastante cerca de la ciudad, pero no tenía nada que ver con el resto de lugares en los que habíamos estado hasta ahora: había muchísima gente, casi más que cuando estuvimos en Salzburgo. Las instalaciones eran mejorables y, sobre todo, la zona para acampar era muy pequeña y estaba mal mantenida. El suelo estaba descuidado, lleno de piedras y con muchísimas ondulaciones; tuvimos que coger un rastrillo para alisar la zona antes de poder montar. Las tiendas estaban muy enganchadas unas de otras, pero tras un buen rato buscando un hueco y preparando el terreno, logramos instalarnos.

Raúl preparando el terreno antes de montar la tienda.

Después de una ducha necesaria, fuimos a pasear por la ciudad, esta vez sin el tándem. Recorrimos el Niederburg, el barrio más antiguo, perdiéndonos por sus calles estrechas y admirando las casas de entramado de madera. Llegamos hasta la Catedral de Constanza (Münster), una joya gótica imponente, y bajamos hacia el puerto para ver a Imperia, la famosa estatua giratoria de nueve metros de altura que se ha convertido en el símbolo de la ciudad. El ambiente era vibrante, lleno de vida junto al lago.

Por la noche, fuimos a una pizzería excelente, aunque dentro hacía un calor terrible. Fue un contraste total: al salir, estaba diluviando con una fuerza increíble y unos relámpagos que daban miedo; aquello parecía una escena salida de una película de terror. Tomamos un bus para regresar al camping y nos metimos en la tienda para intentar descansar.

La calma antes de la tormenta en una pizzería del centro

Sin embargo, la lluvia no cesó y, sobre las 03:00 am, el agua empezó a entrar en la tienda a través del suelo. Nos despertamos sobresaltados al notar la humedad y nos levantamos rápidamente, tratando a toda prisa de que los sacos y las almohadas se mojaran lo mínimo posible. Sin más opción, recogimos lo básico y nos cobijamos bajo techo en la terraza del bar del camping. Allí pasamos el resto de la noche viendo cómo no paraba de llover; se nos hizo eterna la salida del sol…

Esperando el amanecer a salvo de la inundación de la tienda.

Valoramos seriamente la opción de cambiar de alojamiento para la segunda noche, pero había muy poca disponibilidad en la ciudad y lo que quedaba libre era carísimo. Al comprobar que la previsión ya no daba lluvia, decidimos arriesgarnos y pasar la siguiente noche en el mismo camping tal y como teníamos previsto.

El día siguiente lo dedicamos a visitar con calma la ciudad y los alrededores del lago. Por la mañana, tomamos un ferry hacia Meersburg, en la orilla norte, un pueblo que nos cautivó por su aire medieval. Paseamos por sus calles empinadas, admirando el Castillo Antiguo y las plazas rodeadas de casas con entramados de madera y flores en los balcones. Fue un lujo recorrer la zona sin prisas, disfrutando de las vistas panorámicas del lago desde la parte alta del pueblo.

La esencia histórica de Meersburg en cada una de sus fachadas.

Al volver a Constanza por la tarde, mientras recorríamos de nuevo sus calles, empezamos a ser conscientes de que el viaje llegaba a su fin. Sentíamos una gran satisfacción por tener el reto casi cumplido, pero también esa tristeza inevitable al saber que la rutina que tanto nos gustaba se acabaría pronto. Todavía no teníamos claro si alargaríamos la ruta un par de días más, ya que habíamos previsto dos días de margen por si surgía algún contratiempo y, como todo había ido bien, no los habíamos usado todavía. Sin embargo, la previsión de lluvia y frío para las próximas jornadas, sumada a la amarga experiencia de la noche anterior, nos hacía dudar seriamente de si valía la pena aprovechar ese margen para continuar en esas condiciones.

Disfrutando del ambiente histórico en el centro de Constanza.

Alojamiento

Campingplatz Bruderhofer 30€/noche (2 personas, 1 tienda). Las instalaciones eran mejorables y se notaba una falta de mantenimiento generalizada. Lo peor fue el espacio: la zona de acampada era bastante pequeña y las tiendas estaban tan pegadas unas de otras que apenas había intimidad. Además, el terreno estaba muy descuidado, lo que nos obligó a pasar el rastrillo antes de poder instalar la tienda.

Nuestras recomendaciones

  • Dedica un par de días a la ciudad: Constanza tiene mucho que ofrecer; pasear por su casco antiguo y los alrededores del lago requiere tiempo para disfrutarlo con calma.
  • Valora reservar un hotel o hostal con antelación: Si buscas una alternativa más cómoda al camping, lo ideal es reservar con tiempo para ganar en tranquilidad y asegurar un mejor precio.
  • Pasea por el Niederburg: Recorre el barrio más antiguo de la ciudad para descubrir sus rincones históricos y las fachadas pintadas.
  • Cruza en ferry a Meersburg: Es una visita obligada para disfrutar de sus calles medievales y de las mejores vistas panorámicas del lago.

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