Camino de Santiago Etapa 6/18: Calahorra – Logroño
|
Distancia 1908_acb8c6-a4> |
55,75 Km 1908_bcdcec-a2> |
|
Desnivel acumulado 1908_61228c-76> |
+321 m aprox. 1908_4744d5-6e> |
|
Tiempo en movimiento 1908_b8060a-21> |
3h 57 min. 1908_615ff9-db> |
|
Velocidad media 1908_e85c3a-8e> |
14 km/h 1908_0af22c-a3> |
|
Track 1908_27ae41-36> | 1908_3cbfdf-c4> |
|
Dureza (Escala de dureza) 1908_05ad24-34> |
![]() |
Nos despertamos bastante temprano y recogimos el tenderete que teníamos montado en la habitación: habíamos lavado la ropa y la teníamos tendida con cuerdas aprovechando cada espacio disponible.
Nada más salir, nos encontramos a Max, un chico italiano algo más joven que nosotros que estaba recorriendo también el Camino de Santiago en bicicleta. Él partió bastante antes que nosotros desde Italia y estaba inmerso en un proyecto propio de sostenibilidad y medioambiente. Nos hizo mucha ilusión encontrarnos con el primer peregrino desde que salimos de casa y estuvimos conversando con él durante toda la mañana.
Desde el inicio, el paisaje nos ofreció una vista constante de campos de viñedos que nos acompañó durante todo el recorrido, al igual que el día anterior. Nos encontrábamos en pleno corazón de La Rioja, y la tierra parecía estar viva con la promesa de una cosecha excelente.
La etapa era más corta de lo habitual, con el objetivo de llegar a Logroño temprano y tener tiempo para visitarla, pero nos tomamos el camino con bastante más calma que los días anteriores, aprovechando la compañía de Max. Él viajaba más despacio con una bicicleta cargada hasta arriba: en una ocasión intentamos levantarla y apenas levantamos la rueda delantera unos pocos centímetros.
Más o menos a mitad del recorrido paramos a tomar un refrigerio con nuestro nuevo amigo: seguía alucinando de que viajáramos en tándem por aquellos caminos.
Aunque el recorrido seguía siendo favorable, a Raúl se le empezaron a acentuar las molestias y dolores en la pierna derecha, concretamente en el vasto interno del cuádriceps. En cada pedalada notaba un pequeño pinchazo que, aunque era soportable, preocupaba por su posible evolución.
A medida que nos acercamos a Logroño, el paisaje cambió ligeramente. De repente, nos encontramos con un tramo más urbano, y la ciudad nos dio la bienvenida con su bullicio característico. Logroño es conocida por ser una ciudad con una gran tradición vinícola, pero también por su ambiente joven y dinámico, algo que percibimos nada más llegar.
Nos dirigimos hacia el centro para encontrar alojamiento. La ciudad estaba viva, llena de gente disfrutando de las terrazas, del buen tiempo y de la gastronomía local. Después de comer con Max en el centro de la ciudad, hicimos planes diversos: mientras Raúl fue a recibir tratamiento para su cuádriceps en una clínica de fisioterapia Judith paseó un ratito por la ciudad.

Dimos un paseo por el centro histórico, pasando por la famosa Calle del Laurel, conocida por sus bares de tapas. Cada rincón nos invitaba a parar y disfrutar, y no pudimos resistirnos a probar alguna de las tapas locales. Fue la recompensa perfecta después de una jornada más relajada pero igualmente gratificante.
Alojamiento
Pernoctamos en el Hotel F&G Logroño. Pudimos dejar el tándem en el garaje, entrando por un curioso ascensor para coche (nunca nos habíamos subido a un ascensor para coches). El hotel es muy cómodo, limpio y recomendable para pasar una agradable estancia en la ciudad.
Nuestras recomendaciones:
- Logroño es una parada obligatoria en el Camino y lo ideal es llegar a la hora de comer para disfrutar de su gastronomía tanto al mediodía como a la noche, además de tener tiempo de pasear por sus calles y visitar sus rincones más famosos: la Calle Laurel, la Concatedral de Santa María de la Redonda, la Calle Portales, la Muralla del Revellín, la Iglesia de San Bartolomé, la Plaza del Mercado o el Paseo del Espolón.


